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>Laputta que yo fui

31/01/2008

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Durante un tiempo largo, por fanzines, mondongos, revistas digitales y reuniones asociales anduvo remoloneando un tal Johnny Laputta, o sea yo. Para ser justos: una parte de mi que creció al amparo de albedríos que bascularon siempre entre Saturno y Mercurio, cosa de hombres.
Hubo, incluso, una vez en que Laputta se disfrazó de pato. Y sí, también abrió un par de blogs con el mismo nombre (Atadita a la cama) y cerró el segundo cagándose en el mundo, sacudido por un lúcido ataque de misantropía que le hacía reconocer a los pseudoartistas y a los comemierda (manifiestos regularmente bajo el agrio pellejo de la misma gentuza) allí donde los hubiera.
Lo curioso del asunto fue que, mientras chapaba su bitácora rugiente, recibió un par de propuestas para publicar algunos de sus textos. La primera para una revista y la segunda para un libro de poemas.
Así fue como Johnny Laputta descubrió que podía morirse tranquilo (aunque, seamos sinceros, Laputta se morirá sólo cuando le salga de los gordos cojones), ya era… ¡Un poeta underground!
Ahora, al fin, aparece publicada aquella compilación de cosas raras junto a pedazos de la obra de viejos amigos como Rubén Lardín y Hernán Migoya, o la de artistas como el gran Josep María Beà o aquel Javier Corcobado que sólo vio subido a la tarima de sus conciertos. Y piensa: si para eso tengo que ser un poeta underground, ¡viva la virgen morena!
El libro lo ha cuidado Sergi Puertas, se llama Poesía para bacterias, tiene una portada la mar de maricona y presenta al mundo las siguientes credenciales:

Siglo XXI: los últimos bastiones de la razón se tambalean. El pensamiento único sigue ganando terreno. El espíritu crítico despierta miradas de desconcierto y suspicacia; yace arrinconado, presenciando con aprensión cómo grupos mediáticos, superficies comerciales, cadenas de supermercados y de comida rápida se hacen con el control de un entorno social, el actual, particularmente hostil para cualquier forma de inteligencia. La torre de marfil ha sido derribada; era ya hora de que los poetas salieran a la calle.

Quién quiera más, que se asome a este pago, aunque aseguran que estará pronto en las librerías.

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