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>matar coles

12/01/2008

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La otra tarde, se admiraba mi hermano al recordar como, de niños, fuimos de excursión a contemplar todos los estadios de la matanza. Imagino que la idea de apuntarse a la salida partió de mi abuelo. Y allí estábamos todos, tres generaciones contemplando el matarile. Mi madre fue la visitante que más se aproximó al calibrar el peso del tocino antes de meterlo en balanza y con ello se ganó un buen lote de embutidos.
Mi hermano se admiraba y espantaba porque, más alá de detestar los embutidos, le parece aberrante que una familia entretenga el fin de semana asistiendo al degüello, chamusquina, despiece y manufactura de un triste cochino de pueblo. Y no le quito yo razón, no por tratarse de la muerte de un bicho, sino porque se me hace estúpido convertir en espectáculo el quehacer cotidiano de cada cual. Asistir en plan turista a la matanza del cerdo resulta tan absurdo como contemplar de igual manera la vendimia o la tala del abeto en la alta sierra. Convertir lo rural en exótico es de gilipollas.
Todo esto viene a cuento de que, últimamente, siento tentaciones de pasarme a la dieta vegetariana. Para depurar. Y creo que sí, que voy a dar el paso, con mis santos cojones. Mataremos coles y brocolis.

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