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>terminaciones nerviosas

29/11/2007

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Debo reconocer que, algunas mañanas, me levanto más que cochino, marrano. Y, mientras me enzapatillo camino de la ducha, ya voy rimando pareados obscenos y tronchones que pondrían colorado al más furciales. Tengo uno, muy socorrido, que sigue la tonada y la idea de La vaca lechera y que no consiento en repetir aquí por vergüenza de la deshora, pero que quizá mañana mismo tararee si me levanto cartaginés y pistolero.
La rima es un auxilio muy de agradecer en ciertas circunstancias y, en mi, mana porcachona de natural y sin melindres verduguiles, ni tonsuras por decreto. La guarrada debe fluir a chorros, de tibia a caliente, sin amansarse en la flojera, ni tampoco llegar a evaporarse por exceso de aires. Las más de las veces, lo rimado no trasciende en poesía y se limita a articular imágenes concretas, groseras expresiones muy manidas, redundantemente tercas. Pero, de tarde en tarde (aunque sea mañanera), aflora una retórica nueva, inesperada, que justifica tanto tiempo dedicado al palanganeo arbitrario de terminaciones verbales, sustantivas y adverbiales. Cuando ocurre tal advenimiento, se descojona uno vivo. Y luego se desayuna sacándole la lengua al calendario y a todo lo que tiene de ordinario.

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