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>jeta

17/10/2007

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En una de esas soledades nocturnas, allá por diciembre del pasado año, mientras transcurrían las fiestas navideñas, puse en marcha el televisor con intención de darme un rápido garbeo catódico y me sorprendí sintonizando El Verdugo de Berlanga. Sonreí, pensando: anda, mira, uno que se caga en la familia y justo en estas fechas. Yeeepa!
Faltaba apenas un cuarto de hora para que terminara la película y quise quedarme a degustar el tramo final. Aunque, ante todo, tenía curiosidad por asistir al coloquio que iba a servir de colofón a la emisión. Entonces, descubrí que en las sillas de los invitados se sentaban el brillante guionista del film y un sosainas progre, blandengue, afín a los medios y a los fines pseudosocialistas, que no tenía, ni por asomo, nada que ver con la obra maestra que servía de médula espinal al coloquio. Encadenaba una memez tras otra con una jeta que ni un Disderi lambiscón hecho de yeso superaría en los días de su vida.
Bien, pues a ese señor, paladín de mujeres y pobres violentados, vocero del pensamiento débil y de la demagogia de sobre, a semejante pazgüato de la mierda seca, le han otorgado un premio mercadotécnico editorial que multiplicará todavía más su presencia en los medios de comunicación. Con razón todavía no he conectado el cable de la antena al televisor. Qué ganas de ser Michel Galabru en aquella película que dirigió Didier Grousset en el ochenta y seis…

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