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02/10/2007

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Y usted qué sabe de mí. Los últimos cancioneros rotos, como perros destripados, por el suelo, eviscerados y tristes, mirando al oriente, cáliz de luz bermeja en la mañana, asaltando los caminos, mordiéndonos el tuétano, crujiendo en la columna. Usted no sabe nada. Usted calla e inventa, trueca vacíos por inseguridades inmediatas. Usted me descalabra por dentro, mil cicatrices llevo en el cráneo interior, mil hemorragias sien adentro, un cadalso, un matadero en sombras es mi bóveda de hueso, un exterminio inaudito. Y usted sigue apuntando maneras de atleta en el ardid de este deporte incestuoso de la mirada perdida. Usted es un hijo de perra. Roma sigue amamantando a sus hijos, gran ramera que traicionó los bosques y la luna, sacra madre de las inmutables dilaciones.

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