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>pecas

27/09/2007

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Me levanté, no sé a qué hora, y todo tenía un aire de turno de noche descorazonador y prohibido. La ropa se agitaba en el tendedero y he tenido la paciencia de meterla en casa. Luego todo ha sido persecución de estar quieto, llegaba por todas partes la imagen del Goya retratado por Vicente López allá por el veintiséis. En todo y con todo, salvo en un remanso del rellano de abajo en que han bajado tres vecinillas jóvenes, dos morenas y una clara, entre rubia y pelirroja de pecas preciosas. Y esta última se ha parado a saludarme con dos besos y un medio abrazo a salto de mata acompañado de sonrisa y el “¿cómo te va?”. Después, otra vez la noche, el aragonés viejo y ceñudo, la sospecha de los insectos, el frío que crece y endurece las uñas, las primeras cañerías y los insospechados vecinos de enfrente cerrando la puerta, ofreciéndose ella a bajar la basura.

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