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>miau

24/09/2007

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Detesto todos estos insectos que vienen a buscarme cuando oscurece y la casa se convierte en un cálido vientre anaranjado. Los hay con formas perfectísimas y crujientes, pero yo soy incapaz de amar estas negras bóvedas cuyo tránsito significa un agujero en el espacio de mi tranquilidad.

Me ofrecen un gato para dentro de cuatro meses. Voy a pensarlo. Los gatos son pequeños marajás, trapisondistas descalzos cuya ausencia termina asociándose al desvelo. Lo veo escurriéndose de aquí para allá, enroscado en su sueño o subiéndose a la silla para espiarme. Pero son precisos muchos cuidados y luego está la pena súbita del poder perderlo –perdí tantos animales hasta el umbral traspasado de mi adolescencia…
Me seduce la idea, pero todavía queda un trecho largo hasta fondear en el pleno convencimiento.

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