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>el tamaño de las culpas

16/09/2007

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Vino el otro día el amigo con una sorpresa en la bolsa: la película del enano pecador, un tío rengo y feo a rabiar, que secuestra jovencitas empleando peluches como cebo. Se las lleva a una buhardilla y allí las endroga y prostituye a horario completo. Un softcore zetongo de aires nórdicos con maneras de autor loco en el que las adolescentes trenzudas tiene treinta años cumplidos, los actores no son tales, el guión se olvida de si mismo y en el que la banda sonora es siempre de lata caducada. La dirige Vidal Raski –si su madre lee estas líneas, que nos diga quién es- y me alegro la puta tarde, vaya que sí.
El enano Olaf (Torben Bille) se sirve de un bastoncito para hurgar en la flor de carne de sus prisioneras, destripa perritos apeluchados y espía a las parejas mirando a través de la imagen distorsionada de un cuadro infantil. Su madre es una borracha cabaretera y él mismo, ataviado con camisa de leñador, trafica con droga trajinada en el interior de artículos de juguete. No hay planos de penetración, pero ver la jeta de este sádico en miniatura, gozando y babeando sus perversiones, hiere muchísimo más el entendimiento. Como diría Mr. Winters, ésta es para verla con mantita.

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