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>h o y

10/09/2007

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A mi amiga le diagnosticaron una depresión y, como suele ocurrir en estos casos, le recetaron unas pastillas. Ella se dio definitiva cuenta de que las cosas no andaban bien el día en que subió a su mismo tren una señora que empezó a hojear el diario gratuito de turno. Al leer el titular que anunciaba la muerte de El Fary, mi amiga rompió a llorar a lágrima viva.
A ella, el Fary ni fú ni fá, ni le iba ni le venía. Pero ahí estaba, llora que llora. Pidió hora para la visita a la especialista y… ¡depresión al canto! Afortunadamente, pasa un poco de todo, empezando por las pastillas y se cuida a su manera, menos química y más orgánica.
Esto de la depresión tiene sus más y sus menos, supongo. A mi, sin ir más lejos, aunque el Fary no se muera, hay días en los que todo me parece una reverenda puta mierda. Hoy es uno de ellos.

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