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>babas y pupilas

09/09/2007

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Ya te quise, pequeña, ahora lo que debes hacer es correr hacia donde tiembla, sonámbulo de luces, ese sauce blanco y no volver jamás. ¿Cómo te metiste en mi sueño de anoche? Con tus trenzas negras y tus dientes blancos. Y los sofás. Tres sofás azules, tus babas y pupilas, mitad súplica, mitad amenaza. ¿Dónde estaba la policía de los sueños para vigilar entradas y salidas? Sí, ya sé que eras una mezcla entre esa actriz de la serie zeta de la tarde y la rusa rubia de la camiseta apretada, pero, ¿qué edad tenías? Yo creo que no la suficiente, y eso es un delito del subconsciente, como zumbarse a la madre o matar al abuelo después de dormirse y antes de despertarse.
Pero, ¿de qué me quejo? La otra madrugada soñé que llegaba tarde al concierto de Battiato y, mientras recorría los techos para alcanzar la entrada, ya salían los primeros asistentes. Me cruzaba con Serrat, que llevaba una boina de cuero y hablaba flores blancas, rojas y azules del maestro de Catania. Pero tu boca, pequeña, hizo algo más que hablar antes de salir al patio y escurrirte. Tu madre y otra mujer, fantasmas enlutados de hace tres décadas, subían o bajaban unas escaleras. Tengo la impresión ce que esto no ha terminado todavía, los sauces no saben silbar melodías más alegres.

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