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>pantalón mojado

31/08/2007

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Rompió a llover a eso de las tres de la madrugada y sólo pude salvar la mitad de la colada. El resto de prendas, sobre todo los pantalones, tomó ese característico hedor a humedad que detesto desde niño. Afuera, en una de las galerías, un hombre calvo, en calzoncillos blancos, me miraba interrogativo. La cortina de agua lo volvía arcilloso, ceniciento.
Hay demasiadas coberturas de plástico en la finca, la lluvia se torna enseguida escandalosa y el sueño casi imposible. Las luces comienzan a prenderse y apagarse, como los ojos de los animales en una selva al borde de la catástrofe natural.
Ahora ya todo pasó, reina el ruido de herramienta, tráfico y obraje. Sirenas y el metal del cierre de ventanales y puertas. Yo me dispongo a proseguir la escritura con el café con leche en el estómago y algún que otro mal pensamiento sombreándome las cejas.

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