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>cuna

29/08/2007

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Tumbado media tarde sobre la cama roja, con ese cierto ardor en el estómago y sudores que desabotonan mis ímpetus. Nada hago, nada puedo hacer, salvo esperar la subida del ánimo, la caída de la tarde. Me puede la impaciencia, ya no aguanto ver todo de por medio: bolsas, libros, carpetas, herramientas, tablones. Detesto este estado de cosas en el que el desgaste se hinca a rastrillo de púas largas y venenosas. Y faltan aún tantas cosas, de lámparas hasta armarios. Me da por la tristeza y flojean hasta las alas del pensamiento.
Veo un capítulo del Pepe Carvalho de Poncela. A lo mejor me animo y pongo otro antes de atornillarme en la sábana colorada. Me cae bien Poncela, es un tipo convincente.
La tristeza es un fango rudo que se filtra, como el sol, pellejo abajo y se disfraza de uno mismo. Una brazada más y el mar será tu cuna negra.

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