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>echa p’alante mamá

21/08/2007

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Ando escuchando el doble compacto de Héctor Lavoe que mi hermano me ha traído de Nueva York. Algo formidable y fascinante: voz, coros, ritmo, improvisación, los arreglos y el toque de viento inigualable del gran Willie Colón. Todo funciona, el engranaje es perfecto.
La salsa, como la rumba, es un don precioso que no debería perecer nunca. Un don que viene y crece desde abajo, a raíz de pueblo, felicidad que a veces sólo puede restallar en el corazón de dolores y mugre. También como la rumba, la salsa anima y revitaliza incluso cuando habla de finales y penas. Es capaz de evocar cualquier asunto, de lo divino hasta lo humano, sin cerrarse jamás a nuevas influencias y aprendizajes.
Lavoe murió en junio del noventa y tres, tras un lamentable rosario de calamidades y Colón se retiró hace apenas un año. Aunque todo tenga su final, siempre nos quedan los buenos principios, la fidelidad a uno mismo, el hacha y el machete de la vida.

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