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>Vuelve Migoya

18/07/2007

>Vuelve Hernán Migoya –si alguna vez se fue- con una web nuevecita y llena de colorines. El silencio en su blog se había vuelto sospechoso y he aquí que regresa a chorros y con un valeroso homenaje póstumo a Don Antonio Aguilar y a su propio abuelo.
Nos habíamos cruzado alguna vez en bares nocturnos y en los pases de sus cortos, pero puede decirse que Hernán y yo nos hicimos amigos allá por el noventa y nueve, conjugando los guiones de una telecomedia. Tres compañeros de la facultad y yo empezamos a trabajar a partir del capítulo quinto y él se incorporó en el décimo. Recuerdo que una noche, en cierto asador uruguayo, mientras celebrábamos el cobro de los primeros cheques, Hernán me soltó aquello de “aprovecha, aprovecha, que esto no va a durar siempre, amigo mío”. Y razón no le faltaba, desde luego.
A mi, de aquella serie, que se llamaba Happy House (Estrellas en castellano) me hacen especial gracia los capítulos 8, 9, 10 y 12. En este último conseguimos colar una lucha en el barro entre las hermosas protagonistas femeninas de la serie. Mientras se estaba filmando, yo subía de una planta a la otra del edificio y, al pasar junto al equipo de peluquería y vestuario, oí que una de sus componentes sentenciaba: “¡Qué cosa más basta, culo y teta, esto parece una película de Ozores!” Aunque a Francesc Bellmunt, productor de la serie, no le hizo gracia alguna, a mi el comentario me entusiasmó y hasta me hizo sentir orgulloso. Qué daría yo por poder escribir guiones como los de Ozores, Lazaga o Iquino. De hecho, con posterioridad, también logré que, en las páginas de cierto diario, equipararan los diálogos de una de las películas en que trabajé con los del mismísimo teatro El Molino. ¡Qué lujo!
Migoya es la persona con la que más he trabajado el género cómico. Nos partimos el culo escribiendo. Aunque a veces nuestros referentes se dan de ostias, nos une la risa en todos sus esplendores, desde el esperpento a la comedia romántica clásica. Precisamente ahora está trabajando en el montaje de Soy un pelele, su primer largometraje como director, del que soy co-guionista. Entre otros logros, la película significa la vuelta a los platós del insigne Paco Calatrava y la puesta de largo del incomensurable Jordi Ordóñez, actor fetiche migóyico por excelencia. Aquí se les puede ver, junto al resto del equipo artístico, en la rueda de prensa de finalización de rodaje. Merced al trabajo de los actores, hay escenas que me parecen realmente hilarantes y si encima nos comparan con Ozores, va a ser la bomba.

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