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>zorros, zorras y tiburones

08/07/2007

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Nada mejor, para animar la mañana, que meterme en el barrio de las librerías de viejo. Busco algo muy concreto, pero no pierdo la ocasión de husmear en el resto de secciones y no tardo en encontrar un par de buenas piezas entre los ejemplares de revistas y álbumes de cómics.
Hoy sólo voy a ocuparme de una de ellas, un tomo que reúne los cuatro primeros números de la serie Fox, el hombre de Manhattan Sur, un relato gráfico para adultos que podríamos definir como una exploit guarra que trata de sacarle el máximo partido al estrellato cinematográfico alcanzado por Sylvester Stallone a caballo entre los 70s y los 80s. Sólo hay que echarle un vistazo a las portadas para advertir el descarado parecido entre la jeta del musculoso Paul A. Fox y la del creador de Rocky, un parecido que se diluye en el interior de los ejemplares debido a la escasa gracia del trazo de los dibujantes. A pesar de ello, uno no puede dejar de leer estas historietas en las que Fox, una estrella de la televisión local, se enfrenta a la mafia de Chinatown, como si su personalidad hubiera acogido una fusión de los protagonistas masculino y femenino del formidable Year of the Dragon de Cimino.
Fox lucha contra los maleantes repantingándose en lujosos restaurantes, persiguiendo macarras con ametralladora o descendiendo a las cloacas de la ciudad. Pero con la ventaja de que, entre pesquisa y revuelo, se echa unos polvos, se monta algún trío o deja que se la chupe la gachí de turno a la que “sólo de vérsela, le pica la cosita”.


El panorama es descojonante, empezando por los malvados mafiosos orientales de gruesa papada, amantes del disfrute felatorio, que gustan de someter a sus víctimas a tremebundas torturas sexuales. Como es de rigor, hablan empleando la ele en lugar de la erre, a la usanza de los viejos fu-manchúes (“¡Usted es un homble muy testaludo Mistel Fox!”… “¡Chupa más fuelte zola! ¡Un movimiento y os aclibillo!”). Y Fox, cuando se irrita, espeta su expresión favorita: “¡¿Qué pollas pasa?!”.
Como suele ocurrir en este tipo de tebeos pornográficos de medio pelo, las enormes onomatopeyas (“Slap” y “Slurp” para la mamada y “Flop Flop” para el polvo pélvico) escamotean buena parte de la anatomía de los descoyuntados jodedores, impidiendo ver con claridad los genitales en acto de penetración. Pero, ¿quién va fijarse en eso cuando lanzan a un tipo a una piscinita en la que nadan dos tiburones? Yo no, desde luego y esperen a que les hable de las historias de vicio y desparrame que acompañan cada número de las aventuras de nuestro semental heroico. Ahí si que nadie sabe qué pollas está pasando, se lo aseguro.

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