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>el tigre solo

13/06/2007

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Me dio por pensar en Eduardo Arolas, quien, en realidad, no se llamaba así, sino Lorenzo Arola. Murió en el Hospital Bichat de París, a los treinta y dos años de edad, a causa de dramas personales mal purgados a base de alcohol y sexo pecuniario.
La precocidad de Arolas es doble: personal e histórica, la del niño virtuoso y la del vanguardista que revoluciona un campo musical a su antojo. Habiendo ya alcanzado el dominio de la guitarra, debuta como bandoneonista a los diecisiete años, convirtiéndose en la primera gran figura indiscutible del tango, antes que Gardel, Troilo o Piazzolla.
Las composiciones de Arolas desprenden aún hoy un magnetismo indescriptible, calidad que debía multiplicarse al oírlas en los conciertos de su orquesta típica, pues pronto lo bautizaron como “el tigre del bandoneón”, extendiendo la leyenda de que podía llegar a romper el fuelle en algún alarde temperamental.
El grueso de su obra lo desgrana durante los últimos siete años de vida que, a tenor de lo que narran sus biógrafos, debió asemejarse bastante a los versos de la estremecedora Infamia parida por el irrefutable Discépolo:

Tu vida desde entonces fue un suicidio,
vorágine de horrores y de alcohol.

En ese final, que un cuarto de siglo después recogería a su manera la película Derecho Viejo, parece que se aunaron el adulterio fraterno y el atropello de un inocente. Roberto Daus explica como…
…viajó a la población de Bragado, en la provincia de Buenos Aires, para actuar en un prostíbulo junto a los violinistas Rafael Tuegols y Ernesto Zambonini, de aquel lugar trajo una pupila con la que inició una vida en común que terminaría siendo la causa del fin de su existencia. Mientras duró su convivencia con Delia López, Arolas desarrolló todo su talento estimulado por su compañera (…), compuso la mayor parte de sus 108 creaciones. Actuó en las mejores salas de Buenos Aires con los músicos más destacados de aquellos años…
(…) Eduardo Arolas se refugió en Montevideo buscando olvido para su tragedia personal, su compañera sentimental lo había abandonado por su propio y único hermano…

Y añade Ricardo García Blaya que…
…el alcohol, la vida desenfrenada y un oscuro episodio en Montevideo, donde Arolas atropelló un chico con su automóvil, harían el resto.
Cuando viaja por última vez a París, era un hombre terminado, paradójicamente con una buena posición económica pero vencido por la bebida y la tristeza.
Murió solo en el hospital Municipal de París, tenía 32 años, y el certificado, por error, decía tuberculosis, pero todos sabían que fue de pena.

Mi homenaje a la salud de los tigres que mueren solos y tristes en hospitales dignos de Topor o Bolaño.

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