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>manual de sinvergonzonería

03/06/2007

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Afirmar, a estas alturas, que Pierre Louÿs es un cachondo, sería tan vano como referirse al color de la nieve o al alma del vino. Si bien es verdad que los esquimales emplean abundantes matices del blanco y que los caldos que da la vid tienden al infinito, usted y yo ya nos entendemos. Y aún así, no deja de maravillarme la extraordinaria inmediatez de los textos del maestro belga, a pesar de que me lleva más de cien años de adelanto en el tiempo. Su procacidad es rauda y puñetera, su desparpajo descabellado y su guarrería tan pertinaz que atocina los cimientos del domingo.
El Señor Louÿs da siempre la impresión de haber sido más putero que el Papa y así lo demuestran sus Diálogos de cortesanas y meadoras. Pero donde la mandíbula se debate entre la vida y la muerte a causa del luminoso y vivaz estrago de la risa es en la lectura de ese formidable Manual de urbanidad para jovencitas, cuya copia habría que depositar en los reclinatorios de las iglesias y en los escaños de todas las sedes parlamentarias.
Ahí van diez perlas destiladas en tan regia obra instructora que su autor diseñó para el uso de las instituciones educativas:

A partir de la edad de ocho años, no es decente que una niña siga siendo virgen, ni siquiera si chupa pollas desde hace varios años.

Si se sienta en el muslo izquierdo de su señor padre, no frote el culo contra su polla para que se le empine, a menos que esté sola con él.

No sugiera al criado meterla en el culo de una pularda cocida, sin antes haberse asegurado personalmente de que el sirviente no está enfermo.

Si la cocinera tiene a bien dejarle examinar su chocho con todo detalle, no le meta picapica.

Cuando acabe de hacerse una paja debajo del pupitre, no se limpie el dedo mojado en el pelo de su vecina, a menos que ella se lo pida.

No pinte nunca pichas en las paredes, incluso si tiene un real talento para el dibujo.

No pregunte nunca a una actriz dónde pasó sus años de burdel. Infórmese con sus amigas.

Si se la chupa a un caballero antes de ir a comulgar, guárdese mucho de tragar la leche: ya no estaría en ayunas, como tiene que estar.

Algunas jovencitas demasiado vigiladas compran una pequeña imagen en marfil pulido de la Virgen y la utilizan como consolador. Es costumbre condenada por la Iglesia. Puede utilizar, en cambio, un cirio a ese efecto, siempre que el cirio no esté bendecido.

Si el señor Presidente de la República acabara de morir súbitamente mientras usted mamaba su leche, puede contar la historia a todo el mundo: no la perseguirán. Hay precedentes.

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