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>mundo familiar

23/05/2007

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El sucio gusano de plástico se agita al paso de dos curvas consecutivas mientras, desde el fondo, viene caminando ella: reluciente piel negra interrumpida por dos piezas a rayas rojas y azules. La falda es tan corta que se obliga a sentarse de lado, invadiendo con las rodillas el desocupado asiento adyacente.

Por aquí creo que había una floristería. Pasa una mujer ciega, cargando una mochila a la espalda. Su apéndice blanco roza el enlosado mientras charla con una anciana que la acompaña. Muchas horas después, me toparé con otro invidente que, por error, quedará trabado, golpeando con el bastón el poste de una farola.
Ahora, sin embargo, avanza una pareja que pertenece a ese universo que llaman Normalidad. Deja atrás a un señor de edad que va desplazando un taburete a lo largo del escaparate de su papelería. Limpia con un trapo la parte baja del rótulo Papereria GADIAL Papelería. En los márgenes laterales se anuncian los servicios que ofrece el negocio:
……………………………….– Llibres
……………………………….– Papereria
……………………………….– Segells de goma
……………………………….– Material d’oficina
……………………………….– Impressos
La Normalidad, pluriempleada, circula en todas direcciones como las manchas pixeladas bajo la superficie de una vieja máquina de matar marcianitos.
Gorras, pendientes, carritos de la compra, el maletín de un viajante, chavales y chavalas que vuelven de la escuela, empleadas que parten el turno para comer, bicicletas rodando por la vereda, jóvenes portando un papel para cumplir algún trámite o recado, un conductor manipulando la máquina expendedora de tiquets de aparcamiento, machos rancios, hembras ojerosas y turbias, gafas solares, chaquetas al hombro, bolsas lisas, arrugadas o abombadas de tiendas de tejidos y supermercados, cubetas con rodillos y pinceles húmedos en su interior, largos paraguas con añejo mango curvo, un guitarrista con Síndrome de Down, un anciano enjuto sujetando un bolso deportivo, cochecitos de bebé, canastos de los años naturales y el taburete que vuelve al fondo del local llevado de la mano de su dueño.
Sentado en la barra del bar, ese tipo moreno lleva un buen rato observando como escribo. Se trata del Bar Mundo Familiar, por supuesto. Familiar, usted sabe.

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