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>el gato de las nueve colas (I)

21/05/2007

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Sienta bien un Argento directo al gañote, con sus arquitecturas de fondo variable y tan sibilinos tejemanejes en los tiempos muertos. Siempre le gustó al maestro acuñar singulares parejas de baile y aquí con más razón, siendo Morricone quién dirige y acompasa la orquesta.
A mi se me gana, de buenas a primeras, con esa estampa en progresión que muestra al ciego acompañado de la niñita, fruto de Sófocles fermentado en estrechos corredores de novela policíaca. Me satisface tanta topografía arquetípica: chiquillas en el cuarto de las ratas, allanamiento nocturno de criptas funerarias, sombras tras la cortina de la ducha, persecuciones finales siguiendo el filo de empinadas azoteas… Oh, lozano paraíso de mis miedos infantiles… Papá Argento me da las buenas noches con un vasito de leche envenenada.

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