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>a period of transition

18/05/2007

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Hubo una época en que pinchaba este disco de Van Morrison con extraordinaria frecuencia. Por eso me ha puesto contento encontrar el compacto ofertado en unos grandes almacenes. Con él me he llevado el cuarto de Quimi Portet y un recopilatorio de los Texas Tornados.
Joder, siempre que me da por oír a los Tornados me acuerdo de Maggie: me pregunto como estará y por dónde andarán esos ojos y esos hermosos cabellos oscuros… Por eso reservo a los tejanos para ocasiones propicias: golpes energéticos durante los que me sienta especialmente resistente frente a cualquier apoteosis de la melancolía. Y, como éste no era uno de esos días, en el discman he metido a ese señor irlandés. Los pies se me iban y, con ellos, la cabeza.
Ha sido ésta una jornada de mujeres guapas a más no poder. Cuando, de buena mañana, he advertido que me precedían tres monjitas en el descenso al andén suburbano, me he dicho que nada malo podía ocurrirme. Y, si bien me he manchado una y mil veces, hasta el punto de tener que pedir prestada una camiseta, no he parado de ver chicas hermosas de toda edad y condición: coquetas bien ataviadas que se mueven con osadía dentro de sus ajustados atuendos, maduras de talle perfecto adornadas con peinados a lo mayo del sesenta y ocho, veinteañeras elegantes de blanco luna, francesas perspicaces, argentinas circunspectas, mexicanas estridentes, brasileñas parpadeantes, catalanas abiertas y despreocupadas…
En el ferrocarril de vuelta, se han sentado frente a mí dos estudiantes de la politécnica, la una morena, con el cabello rizado hasta acariciarle los hombros, la otra de pelo más claro y con un discreto escote que guardaba un par de esféricos, turgentes primores. La bruna de tez clara apoyaba la cabeza en el hombro de su amiga, mientras ésta le acariciaba la cara y los muslos con la punta de los dedos que, algo después, ha chupado de modo infantil. Luego se ha dejado manipular los bordes de la escotadura, como tratando de identificar alguna mácula.
En el asiento de al lado, una castaña ostentosa se estiraba y despatarraba a intervalos, exhibiendo sus pantorrillas tersas y brillantes mientras charlaba por teléfono y una compañera le sacaba fotos locas…
Podría seguir enumerando las soberbias animadoras del viernes noche. Pero me interrumpe el azar de una idea: tal vez sea éste un verdadero periodo de transición para mi mente, mi vida, mi escritura… Voy a mandarle un mensaje a Maggie mientras la noche me abre las entrañas.

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