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>variaciones sitofílicas

15/05/2007

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Me preguntaba si existiría, estando, además, taxonómicamente clasificada, alguna parafilia consistente en ver comer a otras personas. Algo así como una sitofilia escoptofílica. Desde una perspectiva puramente ´patafísica, existe, desde luego, lo que ocurre es que a mí, lo que realmente me atrae, embelesa y subyuga no es, únicamente, ver comer a las mujeres, sino advertir como hablan entretanto. Observar como la temperatura del alimento que ingieren o el espíritu del vino intensifica los rubores de su cara. Captar el instante fugaz en que dejan caer los párpados o apartan la mirada cuando se limpian los labios con la servilleta. Saber, además, a dónde dirigen su escrutinio mientras sorben el contenido de su copa.
Una ceremonia secreta e inconsciente que se multiplica de mesa en mesa: elección de los manjares, decisión sobre los caldos a escanciar en la concavidad transparente del vidrio, el mercantil abono de la cuenta…
De un mantel a otro, de una pareja a la siguiente… A veces son familias en las que la silenciosa hija adolescente ocupa la mirada en ti, único ser viviente dentro de su campo visual, instrumento de un frágil aislamiento capaz de rescatarla de su abisal aburrimiento. Advierte que escribes aquí, sobre el papel, e ingenia cualquier cosa a la medida de su concepción del mundo.
Pasa a tu lado cuando se dirige al lavabo y deja caer los ojos sobre el cuaderno. Leer, no puede leer casi nada, porque acabas de pasar la hoja y en esta página llevas escritas apenas seis o siete palabras inconexas. Haces un dibujito mientras ella mea o se lava las manos: un perro o un cerdito. No te convence. Vuelves atrás, recuperas el reverso: la hoja llena de letras, y la dejas bien a la vista, para que la examine abiertamente al salir de los servicios.
Pasa. Mira. Da igual, nada se entiende. Todos se marchan y afuera hay un montón de cosas en las que la niña que se hace grande puede alojarse al amparo de sus tiranos mayores. Pides la nota y también te alejas, refugiado en ti mismo, empleando esa máquina mentirosa que alguna vez inventaste y que lo traduce todo al lenguaje de la belleza.

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