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>color my blood red

08/05/2007

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Por ahí ronda una chica que me quiere sacar la sangre. Dice que lo mío es un problema de calor en el flujo sanguíneo y que abriendo diminutas incisiones para que fluya el sobrante, el sistema recuperará su sano equilibrio. No es broma, ya se ha agenciado las lancetas y la próxima vez que nos veamos las querrá introducir en mi piel con intención de que manen espesas burbujas rojas. A mi, todo esto me recuerda al divino marqués, pero, por otra parte, debo reconocer que tiene su gracia ese dejarse ir de gotita en gotita, a la espera de que descienda la temperatura.
En realidad, el problema no es sólo circulatorio. Advierte la chica morena que el asunto tiene que ver con el hígado y de ahí se infiere que el mal de raíz no es otro que la tensión acumulada en mi eterno devaneo de mientes. O sea, que debo dejar de postergar las más serias decisiones y eso contribuirá al enfriamiento de mi sustancia, al óptimo tránsito de mis energéticos vitales.
Mientras tomábamos chocolate, me contó como eran las lancetas y que existe un modo de combinarlas con ventosas. Yo imaginé las primeras como pequeñas polillas y las segundas como las arcanas sanguijuelas de toda la vida. Al cabo de pocos días me serré la yema de dos dedos rebanando el pan de manera obtusa y el zumo de mi corazón se estrelló contra mi ropa lila. No noté que me enfriara, pero tomé alguna que otra decisión importante.

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