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desnudo frente a la bestia

05/06/2006

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“Yo creo que Dios tiene esas cosas, a unos hombres los hace inútiles para todo y a otros nos hace dioses. Hay hombres a los que Dios les da un don, ahora, que luego sepan aprovecharlo es otra cosa… Yo, si quieres, te cocino lo que quieras, cualquier cosas. Me traes diez conejos y te los aso, me traes un jabalí y también, me traes un cordero y te hago una caldereta… Eso es un don, ¿no? En cambio hay gente aquí, en Barcelona, que no sabe hacer nada, no salen ni del piso. Y esos que no saben hacer nada, cuando se jubilan se mueren antes…
Yo desde pequeño que he ido a cazar al monte y convertí a la naturaleza en mi amiga. Dónde yo nací, aquello es la madre de la caza, está lleno de liebres, perdices, ciervos, jabalines… la de jabalines que he cazado yo, en eso sí que no creo que haya hombre que se me pueda comparar, que a muchos hombres, delante de mí, la vida les queda grande. Si en aquellos años hubiese tenido la sabiduría que me ha dao la jodida vida y si hubiese tenido las escopetas que ahora tengo… Pero entonces en casa había sólo una escopeta de mi abuelo, de las de antes de la guerra, que con aquello no podías apuntarle a nada, tenías que ponerte a treinta metros del jabalí, sino era imposible acertarle. Y claro, acercarse tanto a estos animales es casi imposible, tienes que saber por donde pasan y quedarte ahí, aguardando.
Si es que ningún hombre creo que haya hecho lo que yo. Si es que soy un hombre especial, que se sale de lo común. La de noches que he dormido detrás de un matorral, al aire libre. Porque soy hombre solitario, me gusta la soledad a mí. Casi siempre he ido de caza sólo porque si venía alguno ya me estropeaba esto. Me gusta almorzar, allí, en el campo, con mi trozo de tocino, mi morro. Si puedes enciendes la lumbre, haces una caldereta y se está mejor que Dios. La de veces que… Fíjate, si es que no creo que haya hombre que se me pueda comparar. Yo he salido a cazar jabalines desnudo, para que no notaran que… En mitad de la noche, los he alumbrao y los he cazado así, desnudo. Si es que…
Si yo hubiera tenido entonces lo de ahora, el rifle con visor nocturno. Porque con esta sabiduría de ahora, pues ya sabes por donde pasan y vas directo. La de veces que yo he salido de aquí, del trabajo y me ido a cazar y he vuelto a las doce o a al una con dos jabalines, la de veces. Si me están entrando ganas de ir hoy, sin saber dónde andan, ni nada…”
El maestro barbero me cepilla los hombros para sacudirme el pelo caído, me quita el paño blanco ceñido al cuello y deja que me levante. Pago el corte de pelo y le deseo feliz año nuevo. Quizá en enero cierre el negocio y vuelva a su pueblo de siempre a disfrutar de una jubilación tardía. Allí tiene un terreno con doscientos olivos y una fábrica de conservas que no rinde. Lo echaré de menos maestro.

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