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>garage carnal

09/05/2005

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El ano dilató, parecía hipar o querer decir algo, pero, en realidad, el primer bochito asomó el morro verde. Le siguió el segundo, el tercero, el cuarto y, así, hasta ocho o nueve. Eran un puñado de llaveros engarzados que B había comprado en un mercado chilango, aunque la etiqueta declaraba bien a las claras “Made in China”. Los taxicitos formaban una hilera y a la nena le encantaba imaginar que su recto era una misteriosa autopista dónde los pequeños autos entraban echando marcha atrás, para después salir ahumados por la bruma de sus respingos. La nena no tenía menos de diecinueve años ni más de ventidós y a veces prefería hacer pis en el lavamanos o en la ducha. Una tarde intentó orinar con los bochitos en el coño y se cago (es un decir) de risa. Hay cosas que no se pueden.

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