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Paul

25/08/2018

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Se confirma como catalizador ideal de nuestras reconciliaciones. El Día de la Bomba hubiera cumplido los ochenta, pero la triste realidad es que el mundo ha alcanzado la mayoría de edad en ausencia de su estímulo. Verlo como actor fue siempre presagio de diversión y, como director, el más descacharrante regocijo. Como le tocan de cerca, le puse a Ninette las locas aventuras de Cheryl en el hotelucho de los Atwood – desparrame que Hitchcock y Lynch debieron de disfrutar con sus bolsas de ganchitos- y nos hemos vuelto a enamorar como zuritas pecaminosas. A mi me encienden las coletas y a ella los hombres con tetas, así que teníamos el terreno ganado de antemano. Ahora su sueño es que recorte varias fotos de su cara para irlas pegando en las farolas y árboles del bosque, quiere ver como me acoplo a ellos clavando mis ojos en su impertérrita faz de papiro. Me barrunto que padece una suerte de furor panteísta que le durará, como todo, una semana, más o menos. Entretanto me ha escondido la cartera y amenaza con mearse en la sopa. ¡Qué bárbara!

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dentro y fuera

20/08/2018

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Sin despegar la vista del libro, pide que haga el favor de meterme las pelis de extraterrestres por el ojal. Desenchufo el lápiz de memoria de la tele y me lo encajo por ahí, arrancándole la primera sonrisa del día. No le falta razón, las fantasmagorías sobre invasión alienígena que hemos tratado de ver estas últimas noches no eran únicamente bobas, sino imperdonablemente aburridas; y metían siempre por medio el puto embarazo, como si la preñez pudiera sumar interés a esos guiones de cuchufleta. Tampoco me perdona que el día once subiera a la montaña, respondiendo a la alerta ovni de este verano. Fue zamparse un bocadillo y tomarse cuatro cervezas, pero dice que, si me meto en esos corrales, algo de cabra o borrego me consustancia. Me ha visto mirar alguno de los vídeos colgados por los youtubers que orgnanizaron la convocatoria y he sentido el azote de su escrutinio fulminante. La idiocia general no le hace gracia, la decadencia le enfurece. Me encierro en el baño para intentar extraer el pendrive, tarea que el calor dificulta y torna untuosa. Echo de menos el formato físico.

Arcano XIX

18/08/2018

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Somos como el Yin y el Yang, una reinvención del Sol de Marsella. Ella duerme del revés, con los pies sobre su lado de la almohada. A veces abrazo sus pantorrillas y se los beso para ir tomando el sueño. Pero, que nadie tema, su pulgar no es mi chupete. Ella, en cambio, ruge, araña y mordisquea como una dulce alimaña que baja del monte para llevarse lo mejor del cautiverio de mi granja. A ratos pienso que sólo se sacó el carné para ir embistiendo perros por el arrabal; aunque quedan tan pocos sueltos que la odisea compensa más bien poco. Ya lleva estrellados dos coches y ni un rasguño en su piel de ángel tibio. Los compra por cuatro euros en anuncios de segunda mano y los lanza contra el mundo como un puño americano. Los canes no sufren, vuelan y revientan de un trompazo. Ni tiempo tienen de echar el último aullido mientras ella, bañadita en rabia, procura sortear farolas, protecciones y señales de tráfico. Sospecho que su sueño es empotrarse contra un rinoceronte. Ya me ha susurrado varias veces, en pleno estallido endorfínico, lo hermoso que sería bajarse a un safari africano. Ondula la pierna como un largo cuello y su pie se convierte en cabeza de girafa que pellizca con el morro los ramajes altos de mi cabellera. Acecha una leona al sur, tras dos cerros gemelos.

kiri kiri kiri

06/08/2018

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A poco de conocerla me contó que, en otoño, tenía pensado matricularse en un curso de acupuntura. Le habían pasado la dirección de un local donde agenciarse, a buen precio, uno de esos muñecos que tienen marcados los chacras y puntos de presión. Yo había estado una vez allí hacía un montón de años y, como andábamos cerca, la acompañé a comprarlo. Se entendió rápido con las dependientas chinas, no tardó en escoger el modelo y, de paso, pidió algunas agujas.

Al par de días me enseñó el resguardo de la prematrícula, ya llevaba leídos unos cuantos libros sobre medicina oriental. Repasando de memoria alguna lección, me invitaba a tumbarme sobre la cama o en el sofa y recorría con el dedo índice mis supuestos puntos energéticos. Todo bien hasta que, una tarde –ni siquiera esperó a que anocheciera- se empeñó en ver la película.

Sugirió que me metiera en la cocina a freír palomitas mientras ella buscaba el deuvedé en los cajones. Debo reconocer que aún no la había visto entera; conservaba un par de imágenes perturbadoras en la cabeza –lo mismo me pasa con Gozu-, pero nada tenían que ver con alfileres terapéuticos.

Ella se estremeció durante el visionado de algunas escenas, sin que yo llegara a discernir si el temblor se debía sólo al miedo o encerraba algo más recóndito y voluptuoso. Sin embargo, al encarar el tramo final de la historia, cuando la muchacha droga al protagonista para torturarle con las agujas, la lujuria de los espasmos era ya indiscutible. La funda del sofá quedó impregnada con sus turbios efluvios.

Finiquitada la sesión, bañándome en el influjo de su irresistible mirada, sugirió cenar un vaso de bourbon. Le ardía el aliento. Aproveché su entrada en el baño, justo antes de meternos en la cama, para deslizar mi mano en el interior de su bolsa y extraer el manojo de agujas que escondí donde, mediando la fortuna, no pudiera encontrarlo.

Ninette

05/08/2018

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Lleva sólo unas semanas aquí, pero no paran de llamar al timbre para traerle paquetes que ha pedido a través de la red. Casi todos son minúsculos: prendas de vestir, tocados, complementos que se prueba en el cuarto cuando salgo a hacer la compra, para impedirme calcular su porcentaje de aciertos.

Bebe agua, come fruta, verdura y algo de pescado. Está pensando en cambiar de peinado y no le digo que así está bien porque mañana ya se habría cortado el pelo, teñido y desaliñado un poco. Desde que confesé lo mucho que me ponían sus vestidos estampados, sólo utiliza pantalocitos y canisetas lisas; y cuando advertí que me flipaban sus medias, comenzó a usar calcetines en pleno verano. Así que, ahora, sólo le digo que me gusta lo que me desagrada y, para el resto, mantengo el pico cerrado.

Le prometí que la primera película que veríamos juntos sería la que lleva su nombre. Hubiera preferido la del sesenta y seis, pero la juventud demanda color y hubo que apechugar con el aburrimiento del antepenúltimo Garci deslandado. El sopor le saca los jugos de actriz, tintándole un barniz de descaro en la mirada, como si mordiera el mundo sin hincarle los dientes, a pequeños vistazos. Me quedé traspuesto y, al volver en mi, no supe si había visto la película entera o la había parado antes de tiempo. Sólo recuerdo que me di la vuelta y me entretuve en verla bailar su canción favorita de Francisca Valenzuela. Saqué de la nevera la reserva de té frío y me fui quitando la ropa, aguardando a que sus uñas surcaran de nuevo las líneas de Nazca en mi espinazo. Sufrí un poco, tal vez demasiado.

instrucciones para iniciar una nueva vida

29/12/2017

corasao

Es preciso poseer un corazón batiente y mano izquierda, prescindiendo en todo momento de la diestra. Tendremos la sana precaución de dejarnos crecer la uña del dedo índice de la mano izquierda durante noventa y nueve días, otorgando una tercera parte de ese tiempo al filoso desarrollo de la cobertura córnea del dedo corazón. Colocaremos la yema de este apéndice sobre el margen siniestro de nuestro pecho hasta localizar el centro emisor del latido cardíaco. Si el pulso es tan débil que pone en riesgo el certero escrutinio de la auscultación, trataremos de rememorar el semblante, voz o aroma de la última persona que lo hizo latir con fuerza. Debe ser, eso sí, un pensamiento puntual y breve que nos impida bascular desde el sosiego hasta el odio o la euforia.

Localizado el motor de la pulsación, clavaremos en su centro la uña del dedo corazón de la mano izquierda, que habrá de servir de punto de apoyo al índice para abrir una brecha, de arriba abajo, dibujando una media luna. La uña rasgara la piel y la carne tantas veces como sea necesario, hasta poder desplegar el semicírculo, poniendo a la intemperie la jaula costillar.

Es importante haber cubierto el suelo con paños naturales que absorban la sangre y suero derramados, que no deben tocar nunca el piso ni elemento plástico alguno. Con la misma mano izquierda, liberaremos el corazón, desgajándolo de los conductos que lo mantienen ligado al resto del organismo. Lo extraeremos cuidadosamente, evitando que se dañe al contacto de los huesos que lo aprisionaban, y lo depositaremos unos instantes en un cuenco de barro limpio y seco.

Cerraremos la brecha abierta en nuestro pecho, cosiendo sus contornos con hilo de lino rojo –teñido con sangre que hicimos manar, nueve noches atrás, del lóbulo de nuestra oreja izquierda- y encenderemos la lumbre, colocando una cacerola de barro, sobre cuyo fondo escurriremos toda la sangre y suero que hayamos ido derramando durante la extracción y costura.

Resulta capital no reír ni llorar en ningún punto del proceso, nuestras lágrimas jamás deben mezclarse con esos caldos vitales, en los que depositaremos –ahora sí- el corazón descuajado. Lo dejaremos cocerse parsimoniosamente a fuego muy bajo, para que vaya reduciendo y adquiriendo un color bermejo, casi granate.

Pasados los primeros sesenta y seis minutos de cocción, orinaremos abundantemente en el receptáculo –no habremos ingerido mariscos, huevos, ni hortalizas durante los últimos nueve días-, anegando de nuevo la víscera, que continuará menguando, añadiendo un lustre áureo al rojo esmalte que le han procurado los primeros hervores.

Tras treinta y tres minutos más, la pieza habrá quedado reducida al tamaño de una pupila dilatada y el poco jugo que la envuelva, espeso y transparente, servirá para rellenar el pequeño frasco de vidrio translúcido en el que se depositará el corazón, que reposará suspendido en su centro. Taparemos el recipiente con un corcho sellado, lo introduciremos en un sobre y lo enviaremos a esa persona en la que hemos pensado (o no) para recobrar el latido hace apenas un par de horas.

Tramitado el envío, podremos iniciar una nueva vida ajena a la gravidez de los desmanes cardíacos, procurando, además, desatender el dictado de cualquier otro órgano interno.

Cabe advertir, sin embargo, que semejante procedimiento sólo debe llevarse a cabo teniendo la plena seguridad de que nuestro corazón permanece con vida, de ahí la necesidad de corroborar su latido antes de encetar las incisiones. De hallarse el corazón exánime, su extracción sólo habrá de desembocar en una necrosis inmediata y completa. Del mismo modo, la entraña entraría en proceso de putrefacción en el mismo momento de contactar con cualquiera de nuestras extremidades diestras.

A todos los que se aventuren, buenaventura y sosiego.

 

Tot és mesquí i tota hora és isarda

16/12/2017

cotxinetcat

El president que ningú ha votat,

aquell que triaren a dit,

que volgué fer un cop d’estat

i després fugí atemorit,

duu avui els bolquers cagats

i gemega com un nen xic.

 

Quan mai has tingut dignitat

i sempre has mamat del partit

que tot el que té és robat,

tothora prostituït,

defeques en la veritat,

aclamant-te ases i cretins

que sempre han estat covards,

falsos, lladres i mesquins.