desosados
El del seguro de los muertos pasaba el primer sábado de cada mes. Salía yo a pagarle la cuota y metía el recibo en una caja de hojalata, como la que usábamos para guardar las fotos. Pasaron los años y también apuntamos a la nena. Para entonces ya se cobraban la aisgnación a través de la cuenta. Cuarenta y cuatro años pagando… Cuando me ingresaron, le dije a la nena que se fijara bien en el banco, no fuera a ser que devolvieran algún recibo y no quisieran hacerse cargo. Pero estaba todo al día, me pusieron la corona y el cajón, imprimieron las estampas y sacaron la esquela en el diario. Lo que más me gustó fue la lápida, con la virgen rezando y un marquito de aluminio con mi foto del día de la comunión de mi nieto. Al principio me ponían flores cada mes, luego cada año y, últimamente, nunca. Ya pensaba yo que no debían de marchar bien las cosas en casa pero, cuando vi que colgaban el aviso de embargo en el nicho y nadie pasaba a recogerlo, entendí que iban aún peor. Lo cambiaron dos veces y la nena sin venir. Se conoce que nadie paga el alquiler y ya tengo aquí a esos señores destapando mármol y madera, para vaciarme donde deben de enterrar a los que no pagan. No sé qué harán con la foto. Aunque venga hoy mi nena a verme, ya no me encuentra.
deseos frustrados
En el preciso instante en que se metió el cañón del revólver en la boca, se le dispararon todas las ideas.
Nuevos Encuentros con lo Inculto
Jordi Ordóñez cara a cara con el Gran Cthulhú, en un paraje esotérico del estanque de Banyoles
Esta noche, a las diez, en el dial digital de Ràdio Castellar, podréis escuchar nuestra segunda incursión en lo inmundo del misterio a través de la sección Encuentros con lo Inculto, que el año pasado ya nos acercó a la tristemente célebre y ufológica estación ferroviaria de Torrebonica.
En esta ocasión, Jordi Ordóñez y el menda nos pasearemos a cuerpo por los rincones más recónditos y pintorescos de Banyoles y sus aledaños, para realizar nuestro particular homenaje al maestro Sebastià D’Arbó y su “Catalunya misteriosa”. Una experiencia inolvidable, llena de amor, respeto y clarividencia hacia los puntales de esta sagrada sociedad que habitamos.
Si queréis saber como ruge Cthulhú, qué pasó tras el hundimiento de La Oca, cuál es la resistencia física de la carpa Juanita o algunos detalles sobre la vida sexual de las hadas, no dejéis de sintonizar La Cançó de la Fi del Món o de escuchar el programa a la hora que mejor os convenga a través del podcast en ivoox. ¡Viva el misterio!
río abajo
tres pisos
Acabábamos de comer media tortilla de espárragos cada uno. El vino se me había termindo enseguida y compartimos una lata de cerveza. Lo único que no recuerdo es el postre. Había que llevar el espejo desde casa de tu madre hasta la tuya y hacíamos tiempo para que ella ya no estuviera. Me invitaste a un café en el bar de enfrente y la vimos esperando el autobús que la subía al hospital. Entraste en el ascensor antes que yo, esquivando un charquito que manchaba el suelo metálico. El espejo nos esperaba en el pasillo, envuelto en una sábana vieja. Acariciaste la perra y salimos enseguida. Dos manzanas, el metro, tres calles más y las escaleras de cuatro pisos. Llegó entero y lo colgamos en tu cuarto. Fui al baño y me invadió el penetrante olor a espárrago de mis propios orines. Vacié un par de veces la cisterna, me lavé las manos y al salir, oí el silbido de la cafetera. Te llamaron por teléfono, pero no lo cogiste. Te dije lo que podíamos hacer y te echaste a llorar. Tus zapatos estaban tirados junto al revistero. No tenías espejo, pero sí un revistero. Eso lo explicaba todo. Lloraste un poco más y no hice nada para evitarlo. Te pusiste los zapatos para acompañarme a la puerta. Tras de mí oí el cerrojo y el teléfono. Supongo que esa vez sí contestaste. Bajé todo lo rápido que dieron de sí mis piernas y, en la calle, detuve un taxista al que sólo pregunté la hora. Mientras me iba alejando bajo los toldos, oí con fruición todos los insultos que debería haber vertido en tu cara.
JESUSA EL NAZARENO (cada día está más bueno)
Ya está aquí el primer musical cotolengo de semana santa, la epopeya de Jesusa el Nazareno, todo amor, gárgaras y gorgoritos.
En el año 33, en Israel, ocurrió algo muy gordo y nosotros hemos venido a contarlo. Sin saber cantar, sin saber componer, pero aquí estamos, cual pinos empinados sobre la más alta colina del incordio, cantándolo y contándolo a contrapelo de Dios y de la historia.
Jesusa el Nazareno nació con el empeñó de ser un musical a capela y sin afinar, que empezaba sin saber a dónde iba y, precisamente por eso, acabó volviendo a los orígenes, desentrañando una verdad sepultada bajo el peso de dos siglos.
Los amigos del Cottolengo Celestial –cinco fulanos y una mengana más valiente que el pasmo de Triana- nos reunimos en una casa escondida en el corazón del bosque y, entre bárbaras orgías de gallos cacofónicos, parimos este riacho borbollante de mística pajarera, en el que sólo entona un romano y para despistar.
Después llegó el Señor Nuno y, con dos gónadas como campanas del infierno, lo aderezó todo con música loca. Sólo de la más íntima ternura y el afecto cósmico pueden surgir las grandes obras como ésta, chumbera, catapuna y con todo el mondongo por fuera.
Escuchadla remando al viento, con las tetas al aire y la picha fuera a todo lujo, picando unos berberechos, acunando el churumbel o como os salga de la pandereta. Jesusa os querrá igual, que por algo es Nazareno y cada día está más bueno.
marrón y blanco
Tus ojos claros, niña de mimbre, arden desnudos sobre una duna de escorias. Llevas llorando toda la tarde lágrimas lentas que a nadie ocultas. Pisaste con trémula inquietud tu secreto cementerio de gorriones, donde el viento no se atreve a agitar sus alas blancas y callan para siempre las oscuras pasiones. Entregada a una ordalía sin testigos, conociste la verdad de lo ocurrido. Viuda te viste, virgen de luto, y en el desierto buscaste una entrada al infinito. No volarás, tu alma es de plomo y fundirla te hundirá en un mar de resentimiento. Cabezas y más cabezas. Una maleta y un abrigo.





